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Fantasía Relatos de Inclusivecraft: Tormenta.

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Dafne Shadow

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Después de la tormenta, llega la calma.

No fue una calma muy tardía, estaba inconsciente y no podía recordar del todo. El constante dolor le hacia saber que algo muy intenso había pasado.

El fuego, su hogar, su familia, todo consumido en fuerte estallido y aunque el agua del rio había sosegado un poco las quemaduras en su piel las heridas en su alma presagiaba un dolor terminal.

Era su culpa, todo era su culpa, desde esa discusión con su hermano, su final y la muerte de toda su familia. Tenían razón él era un signo de caos, destrucción y agonía.

-Ya no pareces tan muerto.

Esa voz era tan melodiosa que le hizo dudar de la existencia de ángeles en el infierno.

- Tampoco es que te veas bien, pero al menos te ves muerto que antes.

Se obligó a abrir los ojos, si bien la carne quemada de su rostro y la pesadez en sus párpados le impedía ver con claridad pudo distinguir una figura no muy lejos de él, recargada casi sin energías bajo un árbol, observándolo fijamente.

- Aunque eso no parece ser un consuelo para ti ¿verdad?

No quiso responder, tampoco estaba seguro de poder hacerlo, se limitó a observar, al parecer tampoco se encontraba en mejores condiciones, puesto que para acercarse a él tuvo que arrastrarse y a pesar de la escasa visibilidad podía percibir su dolor en sus movimientos.

- Vaya que la hemos jodido, ¿no?

Dijo la joven en cuanto llegó a su lado.

Al parecer sabía de plantas curativas, puesto que checaba las hojas que le había puesto sobre las quemaduras.

-Va bien, aun aguantan unas horas más.

En ese instantes pudo ver casi el mismo tipo de plantas sobre la espalda de la chica.

-Me llamo Sol, por cierto.

Su mirada se iba aclarando lentamente, sentía muy enrojecido los ojos, y no estaba seguro de si quería llorar por el dolor cada vez más notorio o los recuerdos que se amontonaban sobre él buscando enterrarlo en su propia miseria.

La chica frente a él parecía tener el mismo dolor en su mirada y la sonrisa en su rostro solo lo acentuaba junto con las heridas cada vez más notorias sobre de ella.

- Eres una Parca, ¿verdad?

Era la primera vez que alguien le decía eso sin repudio o temor en su voz, razón por la que pudo abrir un poco más sus ojos.

Era alta, podía apreciarlo aún cuando ella se encontraba sentada en el piso junto a él, sus ojos azules le recordaban un cielo despejado y su cabello moreno se aclaraba con el sol volviéndolo casi rubio, simulando a los rayos del sol, ahora entendía el porqué de su nombre.

- Una vez escuche de una, pero es la primera vez que veo una Parca.

Sol sonaba realmente interesada, como sí la charla con ella misma le resultara claramente informativa.

- Me recuerdas al tipo del extraño mundo de Jack, medio muerto y esquelético.

Él no sabía muy bien si lo directa que era Sol era solamente refrescante o rayaba en lo molesto.

-Muy bien, hasta que hables y me digas lo contrario, te llamaré Jack.

Jack mentiría si dijera que esa idea no surcaba antes por su mente pero en ese instante lo que menos quería en sus padres y sus razones.

-Muy bien Jack, pues al parecer estaremos atorados aquí por un tiempo, hasta que alguno pueda caminar al menos.

Sol volvió a su escondite y cuando se volteo Jack pudo observar mejor las heridas de su espalda, al parecer justo donde había decenas de hojas curativas y algún tipo de salvia debían de haberse encontrado un par de alas.

“Un ángel” pensó.

Y cuál si hubiera leído sus pensamientos Sol volteo a verlo con una triste sonrisa en su rostro. Terminó de vuelta en su árbol donde en cansancio la venció.

Poco a poco los recuerdos se iban aclarando, recordó a su hermano frente a él, como su propia hoz se clavaba en su estómago, recordó la risa estridente de Alma cuando la vida abandonó el cuerpo de su hermano y cual si aun susurrara en su oído, las palabras que le sentenció.

“Pudiste haber sido mi mejor villano Jack, pero ahora solo eres un cabo suelto”

En cuanto arribó la noche el sueño le venció, mientras recordaba lo que siempre le decía su madre cuando lo veía preocupado "Después de la tormenta, siempre llega la calma".
 
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